

Un pequeño gigante del fútsal mundial ha dejado el parqué para siempre.
El mago supremo que dio la tierra portuguesa: Ricardinho.
Consagrado a regalar sonrisas y asombro por encima de la fría contabilidad de los goles, el prestidigitador que acarició la pelota con la suela y el empeine exterior baja el telón. Aquí queda grabada la leyenda de O Mágico.El enigma Ricardinho: el fantasista consagrado a la tribuna
De nombre terrenal Ricardo Filipe da Silva Braga.
Nacido en el año 1985.
Bandera viva de Portugal y fantasista irrepetible en los anales del fútbol sala.
Con un cuerpo diminuto de apenas metro sesenta y cinco, inventaba quiebros imposibles, cambios de ritmo que desafiaban la gravedad, caricias con la suela, rabonas, trivelas y elásticas… Todo el arsenal con el que sueñan los amantes del buen gusto. Para él, jugar no era un trámite para vencer, sino una ofrenda para deslumbrar a los que pagan la entrada.
Y sin embargo, no fue un malabarista sin corona: se proclamó campeón del mundo y de Europa, escribiendo una leyenda inalcanzable.
Hitos de una leyenda
- Guio a la selección de Portugal a la conquista del Mundial de Futsal de la FIFA (2021) y de dos Eurocopas UEFA (2018, 2022)
- Elegido Mejor Jugador del Mundo (FutsalPlanet Awards) en seis ocasiones
- Forjó dinastías de oro con el SL Benfica y el Inter Movistar de España, dejando también su huella mágica en los Nagoya Oceans de Japón
Los dos Ricardos: armonías de la ilusión con Quaresma
Del otro lado de la frontera, sobre la hierba de las canchas grandes, habita otro Ricardo portugués: Ricardo Quaresma.
Aquel bohemio que embriagaba estadios con la parábola endiablada de su trivela exterior.
Aunque sus escenarios fueran distintos, los trucos de la suela de Ricardinho vibraban en la misma frecuencia poética que las insurrecciones de Quaresma.
(Reconozco que mi devoción por Quaresma raya en la locura, y no me avergüenzo de ello).
El orgullo de una quinta: nacidos en 1985

Ricardinho vino al mundo en 1985.
El mismo año prodigioso en que nació el otro gran emperador del balompié luso: Cristiano Ronaldo.
Hijos de la misma quinta, cada uno trepó hasta la cúspide de su respectivo universo. Que dos destellos tan descomunales brotaran de la misma tierra en el mismo tiempo no fue una casualidad.
En el rigor de su trabajo y en el fuego de su mente, era un Ronaldo.
En la levedad de su paso y en la travesura de su juego, era un Messi.
Lo que despertó Messi: nostalgia y redención

Pocos saben que en el rincón más secreto de su alma, Ricardinho miró con secreta melancolía a Lionel Messi.
De jovencito, los técnicos del fútbol de campo le cerraron las puertas asegurando que su baja estatura era un defecto insalvable.
Años más tarde, al ver a Messi coronarse rey del universo desde un cuerpo tan menudo como el suyo, Ricardinho confesó con nostalgia: «Si en mi tiempo hubiera existido Messi, quizá nunca habría abandonado el fútbol grande».
Pero en esa frase no habitaba la amargura, sino la certeza sagrada de que el tamaño jamás es el destino. Ricardinho eligió el fútsal y sobre su madera construyó una epopeya dorada. Distintos caminos, pero una misma cumbre solitaria.
El fuego del mañana: Zicky Té
En el horizonte despunta el nuevo heredero: Zicky Té.
El joven pívot de la selección portuguesa aúna potencia muscular y voracidad goleadora, salpicando su juego con taconazos y pisadas de imprevisible belleza.
Sin embargo, su fútbol no gira exclusivamente en torno a la prestidigitación como el de Ricardinho; es el producto de un fútsal moderno, eminentemente atlético y directo.
La agonía del artista puro
Al igual que ocurre en el fútbol de once, el fútsal actual ha virado hacia la tiranía del choque, la velocidad desbocada y el libreto hermético. Los poetas callejeros que jugaban para arrancarle suspiros al público —al estilo de Ricardinho o de Falcão— se están convirtiendo en una especie en peligro de extinción.
En medio de semejante tempestad física, quienes juegan para inventar encuentran cada día menos refugio.
Y sin embargo, la fantasía renacerá
Mas cuando miramos a las canchas del mundo, la esperanza resiste. En la frescura insolente de Lamine Yamal o en los pasos de baile de Rayan Cherki, asoma una juventud que se niega a que le roben la poesía.
Almas jóvenes que se rebelan contra la eficacia gris para devolverle al juego su condición de milagro.
Y esa marea volverá, sin duda, a acariciar las pistas de fútsal.
La magia de Ricardinho es eterna
Ricardinho fue único en su especie.
Pero mientras los ojos de la multitud sigan buscando prodigios en vez de números fríos, su duende renacerá en cualquier esquina.
Tarde o temprano, un nuevo fantasista bajará del cielo para devolvernos la sonrisa.



